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24 de junio de 2014

El Jorobado (1943)

Durante el siglo XIX, la publicación de novelas en forma seriada, ya sea en periódicos ó en revistas, se volvió una manera muy popular para que un escritor se ganara la vida. Autores de la talla de Charles Dickens, Wilkie Collins e incluso Leo Tolstoy llegaron a publicar sus trabajos de esta manera. En Francia, la novela seriada tuvo su mayor apogeo con las historias de capa y espada, y los amos indiscutibles del género fueron Alexandre Dumas y Eugene Sue. Siguiéndoles los pasos a estos grandes se encontraba Paul Féval, un abogado bretón que con el deseo de tener un éxito literario, publico en forma seriada la novela "Les Mystères de Londres" en 1844. Así comenzaría una carrera que en la literatura popular que tendría su más grande éxito en 1857 con "Le Bossu", en español "El Jorobado". Clásica del género de capa y espada, "El Jorobado" se volvería la obra de Féval más adaptada al cine, y una de las más interesantes se produciría en México en 1943, teniendo en el rol protagónico nada más y nada menos que a Jorge Negrete.

"El Jorobado" comienza con la reunión de un grupo de siete maestros de esgrima en una pequeña taberna. A la reunión llega de improviso Enrique de Lagardère (Jorge Negrete), joven espadachín a quien los maestros reunidos consideran como el mejor duelista en Francia. Lagardère se dirige a enfrentarse nuevamente contra el noble Felipe de Nevers (Alfonso Corona Blake), hábil espadachín quien ha sido el único capaz de vencerlo gracias a una estocada secreta. Sin embargo, en la taberna Lagardère se entera de que el grupo ha sido contratado para asesinar mismo Nevers. Ofendido por la conspiración, Lagardère olvidar el duelo con Nevers y avisarle del plan para asesinarlo. Desafortunadamente, el grupo de espadachines es demasiado para dos hombres, y Nevers cae herido de muerte. Agonizante, Nevers pide a Lagardère que vengue su muerte y cuide de su hija. Lagardère huye de Francia con la hija de Nevers, desapareciendo por años. La llegada de un extraño jorobado a la corte francesa marcará el comienzo de la venganza del exiliado Enrique de Lagardère.

Producida por el ruso Óscar Dancigers y dirigida por el español Jaime Salvador, "El Jorobado" fue la primera cinta que ambos realizaron en México, donde tendrían fructíferas carreras. Adaptada por ambos cineastas, la historia sigue fielmente la trama principal de la novela de Féval, concentrándose totalmente en la venganza de Lagardère contra los asesinos de Nevers. Ciertamente, los guionistas simplifican mucho de la novela y omiten numerosas subtramas que jugaban en la obra de Féval, sin embargo, es bastante afortunado el como Dancigers y Salvador hilan la historia en forma sencilla y económica sin sacrificar la coherencia o el entretenimiento. De hecho, esto último es tal vez lo más logrado de la adaptación que se hace de "Le Bossu", pues se mantiene el tono de intriga y aventura de la novela. Existen cambios notables, siendo el más obvio el que el jorobado Esopo no sea secretario, sino cantante (sacando provecho de las habilidades de Jorge Negrete), pero en general funcionan al mantener el espíritu romántico que hizo a la novela un clásico.

Algo bastante notable de "El Jorobado" (que en otras latitudes tuvo el nombre de "La estocada de Lagardère") es la calidad de la producción con que fue realizada. El director Jaime Salvador da vida a la Francia de la Regencia con un notable aprovechamiento de recursos. Con el apoyo indispensable del fotógrafo Alex Phillips y sobretodo del diseñador de producción Jorge Fernández, Salvador crea una película de época de gran calidad que luce visualmente maravillosa a pesar de sus obvias limitaciones. El talento de Jaime Salvador es precisamente el estar consciente de sus propios limites para sacar el máximo provecho a sus fortalezas. Como en el guión, la sencillez de la realización es lo que vuelve efectiva a "El Jorobado", pues al concentrar su atención en sus personajes Salvador logra encontrar lo épico en lo íntimo. Gran ventaja es que el elenco con el que se cuenta sea de gran calidad, pues aunque ciertamente no son grandes maestros de la espada (Salvador logra cubrir muy bien estas deficiencias), sí lo son del escenario.

Al frente del elenco, Jorge Negrete toma el papel doble del legendario Enrique de Lagardère y el jorobado Esopo. Tan gallardo es el primero como sagaz el segundo, y Negrete logra hacer de ambos algo más que meras caracterizaciones: realmente se aprecia un esfuerzo por parte de Negrete por salir del estereotipo de galán en el que había caído en aquella época y realizar algo que realmente significara un reto. Como Esopo, Negrete se vuelve irreconocible, fascinante, demostrando que había más en él que su clásico "charro cantor". Si bien la interpretación de Negrete en el rol principal es probablemente lo mejor de la cinta, los demás miembros del elenco no desmerecen. Como Felipe de Gonzaga, el actor Ernesto Alonso crea uno de sus personajes mejor logrados, pues aunque es en esencia un villano muy tradicional del cine de aventuras, Alonso le crea una personalidad muy particular. Lo mismo hace Andrés Soler como el peligroso Peyrolles, aunque como se mencionó anteriormente, su habilidad con el arma deja mucho que desear.

Desafortunadamente, no todo el elenco es de la misma calidad, y esto se refleja en Gloria Marín, quien en el importante papel de Aurora de Nevers, no logra estar a la altura de la situación y hace una pobre interpretación que termina ensombrecida por sus co-estelares. Sin embargo, no todo se podría achacar a Marín, pues aunque el rol de Aurora de Nevers es vital en la trama, en la versión de Dancigers y Salvador queda un tanto reducida. Lo mismo ocurre con la viuda de Nevers (interpretada con gran talento por Adriana Lamar), personaje de gran complejidad en la novela que se ve fuertemente reducido en esta adaptación. Quizás lo más criticable a esta versión de "Le Bossu" es que los combates de espadas, tan importantes en la trama de la novela, son pobremente llevados a la pantalla por Jaime Salvador. Los duelos y la famosa "estocada de Nevers" no se pueden apreciar en su totalidad dadas las limitaciones del elenco en cuestiones de esgrima. Como se mencionó anteriormente, los realizadores optaron por excelentes actores, aunque fueran malos espadachines.

Pero si bien las escenas de esgrima no son lo más destacable de la película, es muy notable como Jame Salvador logra capturar la atmósfera de la novela de Féval casi a la perfección: "El Jorobado" es sencilla, divertida e incluso emocionante. Todo lo que una novela seriada (o "de folletín") debería ser. Como película de época, ubicada en Francia y además de género de capa y espada, "El Jorobado" un caso raro (aunque no es el único) dentro de la filmografía mexicana. Ciertamente sería muy interesante que el cine mexicano moderno tomara más riesgos como este de vez en cuando. A final de cuentas, y a pesar de sus problemas, "El Jorobado" es una excelente película que demuestra que detrás del "charro cantor", el legendario Jorge Negrete, había también un actor de enorme talento.

7/10
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16 de junio de 2014

Gwoemul (2006)

A finales de la década de los 90s, el cine de Corea del Sur experimentó un interesante resurgimiento que apuntaba a una especie de segunda "Era Dorada", pues no sólo la producción de filmes en el país asiático había incrementado su número, sino que también comenzaba a llegar a audiencias internacionales gracias a la gran calidad de la técnica de esa generación de cineastas, así como la muy particular sensibilidad del estilo coreano. Por supuesto, el género de horror no estaba excepto a este renacimiento, y pronto el moderno cine de horror surcoreano vivió una marcada evolución al ir de un cine notablemente influenciado por el horror japonés de la época (particularmente las exitosas "Ringu" y "Ju-On") a uno con un estilo y personalidad propias, como demuestran filmes como "Janghwa, Hongryeon" ("Los poseídos"). La película "Gwoemul" del director Joon-ho Bong es una prueba más de esta evolución, pues toma como punto de partida el viejo subgénero del cine de monstruos y le da un giro realmente único.

"Gwoemul" (literalmente "Monstruo", pero conocido en México con el extraño título de "El Huésped") cuenta la historia de los Park, una familia disfuncional cuyos miembros se consideran fracasados. Park Gang-Du (Kang-ho Song) y su padre Hie-bong (Hie-bong Byeon) son los dueños de un pequeño puesto de comida cerca del río Han, con el que se mantienen así como a la pequeña hija de Gang-Du, Hyun-seo (Ah-sung Ko). Un día, un gran monstruo acuático emerge de las profundidades del río y comienza a atacar a la gente que se encuentra paseando en su rivera. Durante el ataque, Hyun-seo es capturada por el monstruo y llevada a las profundidades del río ante la mirada atónita de su padre Gang-Du, quien ha fallado en su intento de salvarla. En el funeral, los hermanos de Gand-Du, Nam-il (Hae-il Park) y Nam-Loo (Du-na Bae) llegan con la intención de confortar al devastado Gang-Du, pero pronto los rencores y los reclamos vuelven a surgir entre los hermanos. Sin embargo, Hyun-seo está viva y logra comunicarse con su familia por teléfono. Los hermanos Park deberán unirse para rescatarla.

Mezcla de cine de horror, ciencia ficción y humor negro, "Gwoemul" fue escrita por el director Joon-ho Bong en colaboración con Chul-Hyun Baek y Won-jun Ha, quienes imaginativamente reinventan el tan habitualmente menospreciado subgénero de los monstruos gigantes con resultados sorprendentes. Como han hecho los viejos clásicos del género ("King Kong", "Them!" y "Gojira" entre otros), "Gowemul" usa a su monstruo para explorar temas más profundos, más allá de las escenas de acción de la película. Uno de los principales es definitivamente la familia, pues la historia es básicamente sobre el intento de esta problemática familia por permanecer junta, limar asperezas y trabajar unidos para salvar a uno de sus miembros (que probablemente representa la inocencia de cada uno de ellos). El desarrollo de las relaciones entre personajes es excelente, y los guionistas logran volverlos personas reales y humanas, a pesar del contexto fantástico de la trama. Jugando con el horror y el humor negro, hay en "Gwoemul" una crítica no tan sutil a la incapacidad de los gobiernos para resolver problemas.

El director Joon-ho Bong logra construir su filme con gran habilidad, jugando cuidadosamente con los géneros sin caer en el sentimentalismo barato o en mera parodia de los mismos. Es realmente difícil transformar en comedia una historia trágica (sin mencionar que involucra un monstruo gigante), pero Joon-ho Bong logra maniobrar entre ambos con una sutileza que dota a "Gwoemul" de un corazón del que muchos filmes del género carecen. Sin embargo, lo que realmente hace brillar a "Gwoemul" es probablemente el hecho de Joon-ho Bong pareciera saber que aunque profunda y ambiciosa, si filme no deja de ser una película de monstruos, por lo que nunca intenta traicionar el género con falsas pretensiones artísticas o cinismo posmoderno (como sí le ocurre a "Monsters" de Gareth Edwards, por ejemplo). Con el bello trabajo de fotografía de Hyung-ku Kim y los excelentes efectos visuales de la empresa The Orphanage, el director Joon-ho Bog hace varias de las escenas de acción y horror más formidables de los últimos tiempos.

Sin embargo, el punto clave de "Gwoemul" es que no es todo sobre el monstruo, sino que es principalmente un estudio sobre la familia, por lo que el elenco es tan importante como los efectos especiales. Como Gang-Du, Kang-ho Song es excelente, retratando con gran talento la excesiva humanidad de un hombre ingenuo y hasta tonto, pero noble y cariñoso. El punto fuerte del elenco es definitivamente Hie-bong Byen, quien interpreta al patriarca de la familia Park con gran talento, dándole a su personaje un sentido de dignidad a la par de un gran carisma que lo vuelven el corazón del filme. Hae-il Park interpreta al hermano menor de Gang-Du, Nam-il, haciendo un buen trabajo como el insatisfecho joven incapaz tanto de conseguir un trabajo como de comprometerse de lleno con el activismo que predica. Como la hermana Nam-Joo, Du-na Bae brinda equilibrio al elenco, y aunque su rol (como el de Hae-il Park) no es tan grande, sí es en efecto importante para el total. Finalmente, Ah-sung Ko como la joven Hyun-seo hace la mejor actuación del film, después de la de Hie-bong Byen.

La verdadera dificultad de mezclar tantos géneros es que usualmente se pierde el enfoque de la historia que se está contando al balancear la comedia con el horror (no por nada hay tantas malas cintas que lo intentan). Afortunadamente, Joon-ho Bong logra salir avante en su intento y logra que la cinta funcione sin hacer muchos sacrificios (aunque bueno, alguno que otro hueco argumental se le escapa por ahí). Quizás pueda ser desconcertante en principio que "Gwoemul" mezcle con aplomo una temática tan oscura con un humor en ocasiones muy ligero, pero el resultado final es bastante notable en el sentido de que Joon-ho Bong logra crear una cinta de monstruos verdaderamente entrañable y con un gran corazón. Y la clave de esto es la forma en que se centra en el drama familiar que viven los personajes. "Gwoemul" logra el balance perfecto entre un drama familiar muy interesante entre sus personajes humanos, y una divertida y emocionante acción con sus monstruos, sin que lo primero haga sombra a lo segundo y viceversa.

Drama familiar, película de monstruos, e incluso un poco sátira social (con todo y una fuerte crítica a los Estados Unidos), "Gwoemul" pareciera sonar como una mezcla imposible, y sin embargo funciona. El equilibrio que logra Joon-ho Bong al orquestarlo es la clave de todo, y como se mencionó anteriormente, el resultado es una de las películas de monstruos más entretenidas de la época moderna, en un nivel incluso comparable al clásico "Gojira". Una bocanada de aire fresco para el género, y una prueba más de que el cine de horror surcoreano ha dejado atrás los intentos de copiar al horror japonés. Finalmente ha encontrado su identidad.

9/10
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25 de mayo de 2014

Godzilla (2014)

En 1954, el productor Tomoyuki Tanaka de los estudios Toho decidió hacer una película que reflejara el horror de la bomba atómica que los japoneses habían experimentado en carne propia tras los ataques a Hiroshima y Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial. Trabajando con el guionista Shigeru Kayama y el director Ishirô Honda, el resultado fue la creación de uno de los más grandes iconos del cine de horror: Gojira, mejor conocido como Godzilla, el Rey de los Monstruos. Tras su estreno en 1954, la película "Gojira" inició todo un subgénero cinematográfico (el kaiju eiga) en el que monstruos gigantes luchaban sobre las ciudades, creando toda una mitología en la que Godzilla tenía el rol central. Ya sea como brutal destructor, ó heroico protector de la humanidad, Godzilla ahora forma parte de la cultura pop, representando cuan pequeños somos frente a la furia de la naturaleza. Después 50 años de historia fílmica, Toho decidió dejar a Godzilla descansar por diez años, y en el 2014 su retorno corre a cargo de un estudio norteamericano, en un intento por revivir al mítico monstruo nipón y borrar de la memoria el anterior intento de 1998.

La historia comienza en 1999, cuando los científicos Ishiro Serizawa (Ken Watanabe) y Vivienne Graham (Sally Hawkins) descubren el esqueleto de un monstruo gigante y dos huevos en el fondo de una mina en las Filipinas. Uno de los huevos está roto y hay rastros de que lo que salió de ahí ha entrado en el mar. Mientras tanto, en Japón, una serie de terremotos sacude la planta nuclear de Janjira. Sandra Brody (Juliette Binoche) y un su equipo de ingenieros revisan el estado del reactor cuando una fuerte explosión libera la radiación. Su esposo Joe (Bryan Cranston), el superior de la planta, se ve obligado a dejar morir a su esposa para salvar la ciudad de un desastre mayor. Años después, Joe sigue convencido de que lo que ocurrió en Janjira no fue un sismo normal, ya que repetidamente se le ha negado el acceso a la zona. Su hijo, Ford (Aaron Taylor-Johnson) es ahora un militar y vive distanciado de Joe, considerándolo un loco. Sin embargo, cuando Joe lleva a Ford a Janjira, descubren que lo que se ha ocultado es la existencia de monstruos gigantes, y estos han despertado.

A lo largo de los años, las películas de Godzilla han tocado temas que van desde el horror nuclear hasta la destrucción del medio ambiente. En esta ocasión, la historia escrita por Max Borenstein y Dave Callaham (y sin crédito David S. Goyer y Frank Darabont) presenta a Godzilla como la fuerza de la naturaleza frente a la acción del hombre. Sin embargo, la temática que la historia intenta sostener pierde fuerza pues Godzilla adquiere un rol secundario frente a las criaturas gigantes que los seres humanos han despertado, denominados MUTOs (Massive Unidentified Terrestrial Organism). Dado que la historia gira al rededor de la amenaza que presentan estos monstruos, Godzilla queda reducido a ser casi una especie de deus ex machina andante. Aunque hay un intento por desarrollar una historia humana en contrapeso a los monstruos gigantes, pero el desarrollo de personaje es tan pobre que se limita a explicar la trama. Ciertamente, las cintas de Godzilla nunca han presumido de ser grandes dramas, pero el problema es que en esta nueva versión, el drama humano juega (o intenta jugar) un rol principal.

La razón de esto es que el director Gareth Edwards (quien se diera a conocer con "Monsters" en el 2010) decide enfocar su atención en los personajes humanos que viven el desastre que dejan a su paso los monstruos. Como en su anterior cinta, Edwards mantiene a los monstruos en la oscuridad, mostrando sólo las huellas de la destrucción que van quedando tras la lucha. Si bien en "Monsters" este enfoque funcionaba debido a la cuidada construcción de una fuerte relación entre personajes humanos (sin mencionar lo conveniente para un filme de bajo presupuesto como el suyo), en Godzilla se vuelve inútil al tener personajes unidimensionales y vacíos que no generan empatía. Aunque los efectos especiales son realmente grandiosos (Godzilla no se ha visto jamás tan bien y se respeta el diseño original de los estudios Toho) y se logra capturar la gran escala de la lucha entre los titánicos monstruos, Edwards no deja apreciar totalmente tal trabajo al optar por cortar a las reacciones que sus personajes tienen frente a la lucha. Reacciones no siempre bien expresadas por sus actores.

Aunque las actuaciones no han sido nunca el punto en las cintas de Godzilla, el trabajo realizado por el elenco de esta versión de "Godzilla" es en particular bastante mediocre. A pesar de contar con actores de renombre en el elenco, las actuaciones están lejos de ser lo mejor que estos artistas pueden dar, y mucho de esto es atribuible a la pobre dirección de Gareth Edwards. Bryan Cranston y Juliette Binoche, como Joe y Sandra Brody, brindan un trabajo admirable al lograr el único momento real de drama humano de la cinta. Lamentablemente, su participación es demasiado corta. El protagonista del filme, Aaron Taylor-Johnson (como su hijo Ford), no logra salir nunca del estereotipo de heroico marine estadounidense, e incluso pareciera que poco le importan sus padres o su propia familia. Elizabeth Olsen, que interpreta a su esposa Elle, limita su participación a gritar al ver a los monstruos pelear. Lo más lamentable es ver que Ken Watanabe, David Strathairn y especialmente Sally Hawkins en roles sin ningún peso y cuya única función es la de explicar la trama a la audiencia.

"Godzilla" no es una mala película, simplemente es en extremo mediocre y esto la hace lamentablemente poco memorable. El decepcionante resultado de la cinta es como si el director Gareth Edwards hubiera tomado a Godzilla para intentar hacer una especie de remake de su cinta anterior, "Monsters". Pero con menor suerte. Aunque se agradece el respeto por el diseño original y la mitología del primer "Gojira", así como el que se tome en serio el tema (afortunadamente no hay Minillas o Godzookys); la película no logra capturar la magia de ver dos monstruos luchar en la ciudad. Principalmente porque Edwards no deja observar mucho de la lucha. Y no es que el enfoque de Edwards en el drama humano sea una decisión errónea, sino que este drama no esta construido bien, resultando en una película que se siente aburrida y cansada hasta que llega Godzilla (y llega un poco tarde). Gran parte de esto es adjudicable al guión con que Edwards trabajó, que se basa excesivamente en coincidencias increíbles y diálogos explicativos para avanzar la pobremente desarrollada trama.

Como se mencionó anteriormente, "Gozilla" no es una mala película, es más bien decepcionante. Tras diez años sin el monstruo en pantalla grande y con el respaldo de un gran estudio, se esperaba un épico retorno a la gloria que aprovechara el desarrollo técnico de la industria norteamericana. Lamentablemente, no fue este el caso. Hay incluso cosas que el tan criticado filme de Roland Emmerich ("Godzilla", 1998) ejecuta mejor que esta nueva versión. Aunque hay elementos bastante rescatables en la película (la música de Alexandre Desplat es sin duda uno de ellos), en general la cinta de Gareth Edwards es una película que no logra cumplir la expectativa generada. Hay un progreso, pero aún parece que Hollywood no ha logrado comprender el secreto de Gojira.

5/10
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23 de mayo de 2014

Gojira (1954)

Sin duda alguna, una de las figuras más fácilmente reconocibles en la historia moderna del horror y la ciencia ficción es el gigantesco lagarto nuclear de nombre Gojira, ó Godzilla, el Rey de los Monstruos. Uno de los máximos iconos del terror japonés, la bestia gigante ha tomado tanto el rol de villano como el de héroe a través de sus muchas encarnaciones; sin embargo, un tema permanece constante en su existencia: la destrucción del hábitat humano a manos de una torcida, devastadora e incontrolable fuerza de la naturaleza, la cual Godizlla, símbolo de los miedos de la era nuclear, representa perfectamente. Fue en 1954 cuando el gran monstruo surgió por primera vez cuando, inspirado por un trágico accidente naval (así como por el gran éxito de filmes como "Beast from 20,000 Fathoms"), el escritor Shigeru Kayama y el director Ishirô Honda decidieron dar su propia visión, una visión muy japonesa, de los horror nuclear, un horror real que su país experimento de primera mano. De esta manera, el más formidable de los monstruos gigantes vio la luz: Gojira.

La historia comienza con el pesquero japonés Eiko-Maru, el cual es atacado por lo que parece ser un relámpago de luz que surge del agua cerca de la isla Odo y naufraga. Dos barcos más corren con la misma suerte. Mientras tanto, la comunidad pesquera de Odo no logra encontrar peces, lo que junto a las noticias de botes desaparecidos hace que los lugareños recuerden la leyenda de Gojira, un dios ancestral que vive en el mar. Pronto la isla Odo se llena de reporteros que vienen a investigar los ataques, pero lo que descubren es más terrible: un monstruo gigante (Haruo Nakajima) surge del mar y ataca la villa, dejando solo muerte y destrucción. Tras el ataque, el paleontólogo Kyohei Yamane (Takashi Shimura) descubre que el monstruo, ya nombrado Gojira, es un dinosaurio mutado por las pruebas nucleares. Mientras tanto, la hija del Dr. Yamane, Emiko (Momoko Kôchi) visita a su prometido, el Dr. Daisuke Serizawa (Akihiko Hirata) para romper su compromiso, pues se ha enamorado del teniente Hideto Ogata (Akira Takarada). Pero en su visita, Emiko descubrirá que Serizawa tiene la clave para detener a Gojira.

Como se mencionó anteriormente, para crear la historia el guionista Shigeru Kayama encontró inspiración en el caso del Lucky Dragon, barco que tras navegar cerca de sitios de pruebas nucleares recibió radiación que afectaría a su tripulación. Con este evento como inspiración, no es sorpresa que los horrores de la era nuclear sean el tema principal de "Gojira", y el guión escrito por Takeo Murata y el mismo Honda, sigue este concepto expandiendo la historia con sus propias experiencias y recuerdos de los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Esto se vuelve claro al ver que no sólo el monstruo es producto de pruebas nucleares, sino que su destrucción recuerda a la que dejó la bomba atómica en tierras niponas. La historia es sencilla, y bastante influenciada por el cine norteamericano de ciencia ficción, con la gran diferencia de que en vez de acción, aventura y patriotismo, "Gojira" presenta una buena dosis de suspenso y terror, aunado a un tono bastante oscuro e incluso pesimista en el que aunque el heroísmo existe, la victoria no se logra sin hacer grandes sacrificios.

Profundamente afectado por la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, el director Ishirô Honda da vida al monstruo de Kayama haciendo eco de la devastación que presenció tan solo nueve años antes. Aunque el bajo presupuesto obligó a filmar "Gojira" (en español "Godzilla") en blanco y negro, el fotógrafo Masao Tamai emplea esta limitan a favor del filme y crea una atmósfera ominosa de carácter sombrío, perfectamente a tono con el oscuro tono que tiene la historia. Manejando el suspenso con gran habilidad, Honda mantiene a su monstruo en las sombras, escondido durante la mayor parte del filme, con la intención de incrementar el impacto de su llegada a Tokyo y la subsecuente destrucción de la ciudad. Esta escena climática es efectivamente construida como una desoladora visión de caos, con Godzilla como una implacable fuerza de la naturaleza que viene a terminar lo que la bomba atómica comenzó. Cruda y simple, pero llena de estilo y suspenso, "Gojira" de Ishirô Honda tiene el gran mérito de lograr convertir a un hombre en traje de monstruo en una verdadera visión apocalíptica de horror nuclear.

Enmarcado por el ataque de Godzilla a la capital de Japón se encuentra un triángulo amoroso entre los personajes principales, y aunque en definitiva el la brutal destrucción de la ciudad opaca esta subtrama dado lo impactante que es, el elenco realmente hace un buen trabajo en sus papeles. El experimentado actor Takashi Shimura (conocido por "Ikiru" de Kurosawa) interpreta al Dr. Kyohei Yamane, un hombre más interesado en estudiar a Godzilla que en destruirlo. Como el sabio paleontólogo, Shimura le imprime una cierta dignidad a su papel, y hace un gran trabajo como el perturbado científico, dividido entre su interés científico y sus responsabilidades con sus conciudadanos. Sin embargo, más interesante es el trabajo de Akihiko Hirata como el Dr. Daisuke Serizawa, un personaje complejo cuya vida tendrá un cambio dramático con la aparición de Godzilla. Hirata tiene una gran presencia escénica, y roba cámara cada que aparece en pantalla. Como la hija del Dr. Yamane, Emiko, Momoko Kôchi es una efectiva contraparte de Hirata, caso contrario el de Akira Tarada, quien como el tercero en el triángulo amoroso hace un pobre papel.

Sin embargo, el tiempo ha demostrado que sin importar cuan bueno sea el elenco (y el de "Gojira" es de lo mejores en cualquier cinta de Godzilla), es finalmente el monstruo gigante quien es realmente la estrella de la película. Y esto es pues aunque el Godzilla de "Gojira" es una brutal representación del horror nuclear, también es una víctima del mismo, por lo que su furia se vuelve un castigo a la humanidad por llegar demasiado lejos. Los efectos especiales de Eiji Tsubaraya, aunque crudos y rudimentarios, logra dar vida al horror de Godzilla con la ayuda de un traje de plástico y maquetas cuidadosamente diseñadas. El trabajo de Tsubaraya tal vez no hayan sido los modernos efectos que Honda esperara, pero en conjunto con el actor Haruo Nakajima, crearon a una mítica criatura de proporciones épicas. Aunque lejos de ser perfecta, "Gojira" logra volver lo increíble una realidad, pues a pesar de carecer de grandes efectos especiales, el tono que impone la historia y el estilo visual de Honda transforman la fantástica historia de un monstruo gigante en una vívida pesadilla con ecos de la entonces tan cercana Segunda Guerra Mundial.

Actualmente, a más de 50 años de que Godzilla destruyera una ciudad por primera vez, el gran monstruo es más un icono de la cultura pop que la terrorífica criatura que originalmente fue. Años de enfrentarse a coloridos enemigos, extraterrestres kitsch e ineptos patiños (Minilla en cine, Godzooky en televisión) nos han hecho olvidar que Godzilla es un monstruo, y los monstruos asustan. Observar la versión original de "Gojira" de Ishirô Honda es un excelente recordatorio que el gran G es más que un monstruo gigante: es una enorme pesadilla nuclear. Aún si se compara con la versión re-editada para los Estados Unidos en 1956, "Godzilla, King of the Monsters", esta cinta es una visión totalmente diferente del monstruo. Este es Godzilla: el monstruo, el destructor, la leyenda. El primer Kaiju.

9/10
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21 de mayo de 2014

Blood: The Last Vampire (2009)

En el año 2000, los conocidos productores de anime Mitsuhisa Ishikawa y Mamoru Oshii lanzaron un cortometraje animado que presentaba una animación revolucionaria y un estilizado diseño visual: "Blood: The Last Vampire". Historia de acción y horror didigida por Hiroyuki Kitakubo, "Blood The Last Vampire" se volvió rápidamente uno de los filmes de anime más populares de todos los tiempos, ganando reconocimiento por su innovadora animación y perturbadora atmósfera. Si popularidad fue tan grande que pronto se comenzó a hablar de una adaptación a largometraje con William Kong (de "Wo hu Cang Long") como productor y Ronny Yu ("Huo Yuan Jia") en la dirección. El proyecto sufrió múltiples cambios y al final "Blood: The Last Vampire" terminó como una coproducción franco-china con el cineasta Chris Nahon (de "Kiss of the Dragon") en el puesto del director. Desafortunadamente, la nueva encarnación de "Blood: The Last Vampire" carece de todo lo que hacía buena a la cinta original, y en su lugar cuenta con muchos de sus problemas.

"Blood: The Last Vampire" ("El Último Vampiro") es la historia de Saya (Jun Ji-hyun, bajo el nombre de Gianna Jun), una cazadora de demonios de cuatrocientos años de edad. Siento mitad humana y mitad vampiro, Saya fue entrenada como samurai y pone sus habilidades sobrenaturales al servicio de una organización secreta denominada "El Consejo", quienes han cazado demonios vampiro por siglos. La relación de Saya con El Consejo es complicada, pues sólo los ayuda dado un deseo personal de venganza, pues la poderosa vampiresa Onigen (Koyuki) asesinó a su padre. La acción ocurre en el Japón de principios de los 70s, cuando El Consejo envía a Saya a enrolarse como estudiante de preparatoria en una escuela cercana a la base aérea Yokota. En la escuela Saya rescata a Alice (Allison Miller), hija del general de la base, de ser asesinada por dos de sus compañeras (Masiela Lusha y Ailish O'Connor), quienes son en realidad vampiros. Alice queda en shock al ver a Saya desmembrando a sus compañeras y pide ayuda a su padre, el General McKee (Larry Lamb). Alice descubrirá que es en realidad Saya quien la puede proteger.

Adaptada por Chris Chow (escritor de "Huo Yuan Jia" de Ronny Yu), esta versión de "Blood: The Last Vampire" mantiene la trama general del cortometraje animado y agrega diversas subtramas y un trasfondo más profundo para los personajes. Ciertamente, la carencia de una historia previa era uno de los principales problemas del original "Blood: The Last Vampire", y Chow hace un buen intento por expandir la historia con el fin de dar razones y motivos a las acciones de los personajes. Sin embargo, la forma en que Chow llena estos huecos en la historia original no es del todo satisfactoria, pues no sólo se abusa de viejos clichés del género (la venganza por el asesinato del padre), sino que se hace de una forma simplista y barata. Hay ideas positivas, como la adición de Alice, que permite un mayor desarrollo a la personalidad de Saya; sin embargo, la trama se vuelve innecesariamente revuelta y mantiene el mal hábito de hacer de Saya un personaje perfecto y prácticamente invencible. Esto junto a la carencia de un antagonista de peso, resulta en una historia que se vuelve poco interesante.

El director francés Chris Nahon muestra un estilo visual vibrante, energético, muy atractivo visualmente pero con una narrativa floja que no logra desarrollar totalmente el concepto del filme. Cierto, el guión de Chris Chow es problemático, pero es la dirección de Nahon la que da el tiro de gracia a "Blood: The Last Vampire". Siendo justos, Nahon logra capturar el look estilizado y la atmósfera oscura del cortometraje animado, recreando bastante fielmente las secuencias de acción del filme original. La fotografía de Hang-Sang Poon logra darle a la película un personalidad propia, y la música del brillante Clint Mansell es realmente la estrella de la película. Sin embargo, Nahon no logra traducir el guión de Chow a una narrativa visual coherente, optando por llenar la película con escenas de acción visualmente sorprendente pero que no tienen gran peso para avanzar la trama. Ciertamente, dichas escenas muestran un excelente trabajo de los coreógrafos, pero no se disfrutan tanto pues la cinta cuenta con uno de los peores trabajos de efectos visuales hechos para un filme de este tipo.

Las actuaciones en la cinta varían de calidad, siendo algunas muy buenas mientras que otras son terriblemente malas, lo que lamentablemente se puede apreciar claramente al comparar los trabajos de las protagonistas. Por un lado, Gianna Jun es fascinante, y realmente pone un gran esfuerzo en su papel como la cazadora Saya. Sin decir mucho, la joven actriz logra expresar una gran rango emocional y además muestra su talento para el cine de acción. Por otra parte, Allison Miller realiza un pobre trabajo como Alice, y transforma lo que pudo haber si uno personaje interesante en un estereotipo andante cuya única función dramática es explicar la trama a la audiencia. La diferencia entre ambas actrices es abismal, y su falta de química es bastante notoria. La actriz japonesa Koyuki, quien da vida a Onigen, es como el punto medio entre ambas, con una interpretación bastante regular aunque, siendo honestos, su personaje es tan pobremente desarrollado que parece una caricatura de lo que un villano debe ser. El actor irlandés Liam Cunningham también queda desaprovechado de forma similar.

Si la original "Blood: The Last Vampire" carecía de una historia, la versión de Nahon carece de narrativa. Más interesado en crear complejas secuencias de acción, Nahon no da espacio a sus personajes para crecer, y deja la historia de Chow como un desorden confuso. A pesar del estilo visual, Nahon no deja la historia fluir de manera cinematográfica, prefiriendo largos diálogos expositivos y largos flashbacks para explicar la trama. Aún así, los problemas se originan desde el guión de Chow, que de entrada carece de un villano remotamente interesante. La vampiresa demonio Onegin luce como un personaje de interés, pero su desarrollo es plano y termina casi como uno más de los numerosos ninjas y vampiros asesinados por Saya. Alice, un personaje que podría haber dotado a Saya de una mayor profundidad, se vuelve un elemento simplón empleado sólo como damisela en apuros, esperando siempre a que Saya vaya a salvarla (ni siquiera se anima a explorar una posible lectura lésbica a esta situación). La complicada trama entre la CIA, El Consejo y el ejército es tan descuidadamente desarrollado que parece estar ahí para llenar espacio.

Desafortunadamente, "Blood: The Last Vampire" de Chris Nahon tiene más defectos que virtudes, pues desperdicia el concepto de la cinta original en un filme de acción bastante típico con elementos de horror que poco aportan al género (tampoco lo hacía el anime original, pero al menos era innovador como animación). Ciertamente, la película tiene algunas cosas buenas, principalmente el trabajo de Gianna Jun y el de los coreógrafos de escenas de lucha. Tristemente, esto no es suficiente para rescatar una pobre narrativa y un guión problemático, problemas principales de esta versión de "Blood: The Last Vampire". El mito del vampiro ha inspirado múltiples historias e interpretaciones, y seguramente seguirá haciéndolo. Sin embargo, "Blood: The Last Vampire" no una de las mejores. Como consuelo, la serie animada inspirada en el corto, "Blood+", es un ejemplo de un mejor desarrollo del mismo concepto.

4/10 
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25 de enero de 2014

Blood: The Last Vampire (2000)

Desde los años 70s, la animación japonesa experimentó un tremendo crecimiento en popularidad gracias al éxito mundial de artistas como Osamu Tezuka, Go Nagai y Yohiyuki Tomino. Anime, la palabra japonesa para "animación", se volvió el termino por default para diferencia al estilo japonés de animación, y se hizo sinónimo de su muy particular estilo visual y temático. Los manga, es decir, los populares cómics japoneses, han sido la fuente de incontables filmes y series animadas de TV, gracias al hecho de que una adaptación de un manga popular garantiza de antemano un audiencia cautiva. Sin embargo, a finales del siglo 20, el productor Mitsuhisa Ishikawa decidió que en vez de seguir esa ruta, desarrollaría un concepto original. Para hacerlo, reclutó al famoso productor Mamoru Oshii (famoso por "Kôkaku kidôtai") para desarrollar un concepto de Kenji Kamiyama. Con el director Hiroyuki Kitakubo abordo, el proyecto se convirtió en "Blood: The Last Vampire", un cortometraje de horror con la intención de darle un nuevo giro al tema de los vampiros. Y más o menos eso fue lo que hizo.

"Blood: The Last Vampire" (conocida en español como "El Último Vampiro"), está ubicada en 1966, algunos meses después de la Guerra de Vietnam, en la base aérea norteamericana Yokota, que se creó durante la ocupación estadounidense en Japón. Una misteriosa joven, Saya (Youki Kudoh), entra a la base de Yokota fingiendo ser una alumna de preparatoria, pero en realidad ella es el arma secreta de una organización secreta denominada Red Shield. Armada con una katana, la misión de Saya es simple: destruir a monstruos vampiro llamados Quirópterans. Las habilidades de Saya como cazadora de vampiros son producto de que ella es la última de los vampiros originales, y su relación con Red Shield es más una asociación de conveniencia que un verdadera colaboración. El agente David (Joe Romersa) es el contacto de Saya con Red Shield, y el único humano que ella respeta. En la escuela, Saya descubre que dos de sus compañeros son Quirópterans, y planean tomar la base de Yokota. Naturalmente, una batalla masiva entre los monstruos y la caza vampiros comenzará, con Red Shield y la Fuerza Aérea Norteamericana en medio de todo.

Con un guión de Kenji Kamiyama y personajes diseñados por el ilustrador Katsuya Terada, "Blood: The Last Vampire" trae una nueva visión del mito del vampiro, ya que los Quirópterans son monstruos de origen desconocido capaces de transformarse en grandes bestias demoniacas con forma de murciélago. El verdadero vampiro del filme es Saya, la espadachín caza vampiros cuyo origen permanece en el misterio. De hecho, esto es realmente uno de los problemas del filme: básicamente todo esta envuelto en un misterio y realmente casi nada es explicado en los breves 48 minutos que dura la película. El concepto de Kamiyama es ciertamente interesante, dado que hay rasgos de una conspiración global detrás del hecho de que la última vampiresa del mundo es contratada (¿Ó usada?) por el gobierno para destruir Quirópterans. Desafortunadamente, eso es todo lo que se llega a saber del tema. Lo único realmente claro después de las múltiples batallas que vive, es que Saya es increíblemente buena en su trabajo. "Blood: The Last Vampire" es una cinta llena de acción, pero el misterio es tan hermético que llega a ser insatisfactorio.

Donde "Blood: The Last Vampire" realmente tiene éxito es en el estilizado diseño visual que posee. El director Hiroyuko Kitakubo crea un impactante trabajo con un look bastante atractivo. Combinando la animación tradicional con el arte digital, el arte de "Blood: The Last Vampire" es impresionante, especialmente durante las escenas de acción, en las que se muestra violencia gráfica oscura y cruda, pero que aun retiene una cierta belleza en su concepción. La composición visual y puesta en cámara de estas escenas es realmente buena, y logra crear una gran atmósfera. La música, de Yoshihiro Ike, apoya esta atmósfera brindando un tono lúgubre y sombrío, justo lo que Kitakubo le imprime a la cinta. Sin embargo, el brillante trabajo de animación y la estética visual de Kitakubo no son suficientes para compensar la falta de desarrollo que tiene la historia. Ciertamente, muchas de las mejores historias son aquellas en que las cosas se mantienen simples, pero "Blood: The Last Vampire" lleva la simpleza al extremo y resulta en una obra soberbiamente animada pero que carece de la sustancia que le hubiera dado una historia mejor construida.

El problema es que básicamente Kamiyama y Kitakubo introducen muchos conceptos que, aunque interesantes, no llegan nunca a estar bien desarrollados. Desde los misteriosos Quirópterans a los verdaderos orígenes de Saya, sin mencionar los motivos reales de Red Shield y la naturaleza de su relación con Saya, todo permanece envuelto en misterios; y aunque esto funciona bastante bien para generar intriga durante la película, la falta de una conclusión deja todo como una obra inacabada e insatisfactoria. Sin respuestas, sin soluciones, solo escenas de acción con una animación impresionante y estilizada. Aún las posibilidades por algún comentario social (dado que el filme está ubicado en la época de la ocupación de Japón por parte de E.U.) se olvida, al igual que varias tramas adicionales que meramente se sugieren en la cinta. "Blood: The Last Vampire" termina con la sensación de haber visto sólo la primera mitad de una cinta del doble de su duración, ó en el mejor de los casos, un programa piloto de una serie de T.V. (De hecho, una serie de título "Blood+" se estrenaría en el 2005, inspirada en esta película).

Es interesante que "Blood: The Last Vampire" no fue doblada al inglés como podría imaginarse, sino que realmente fue producida casi totalmente en ese idioma (dado que más de la mitad de los personajes son norteamericanos). El trabajo actoral es bastante bueno, sobresaliendo Yûki Kudô (conocida en occidente por su participación en las cintas de Jim Jarmusch "Mystery Train" y "The Limits of Control") como Saya. Kudô logra hacer un trabajo sumamente expresivo, pues aunque Saya es una mujer de pocas palabras, la voz de Yûki Kudô logra brindar más detalles sobre su personalidad que los que da el guión. Joe Romersa, famoso por su trabajo haciendo doblaje al inglés de muchas series de animación japonesa, tiene la oportunidad de crear un personaje desde cero al interpretar al agente David. El trabajo de Romersa en este sentido es eficiente y apropiado, aunque no es realmente algo que llegue a ser sorprendente. El resto del elenco lo completan actores que como Romersa han trabajado en el doblaje al inglés de otros clásicos de la animación japonesa.

Desafortunadamente "Blood: The Last Vampire" no logra a ser el clásico de animación que podría haber sido. La animación es impecable (primer cinta japonesa de animación completamente digital) y el diseño visual es enormemente atractivo e interesante. Pero al mismo tiempo, en términos de historia la película carece mucho, y es finalmente un trabajo poco satisfactorio. El hecho de que sea un cortometraje no tiene nada que ver con esto, pues realmente se podía haber condensado y desarrollado el concepto si se hubiera dejado un poco de lado la cantidad de peleas que hay a lo largo de la película. Como se mencionó anteriormente, la sensación que queda es la de haber visto un concepto incompleto. Claro, un muy original e interesante concepto, pero incompleto a final de cuentas. Ciertamente, "Blood: The Last Vampire" tiene más elementos positivos que negativos, pero es también prueba de que una animación impresionante no es lo único necesario para sostener una película animada.

7/10
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23 de enero de 2014

Mercenarios de la Muerte (1983)

Con el estreno de "Enter the Dragon" en 1973, el mundo descubrió el gran talento del artista marcial Bruce Lee. Su trágica muerte, acaecida tan solo seis días antes del estreno de la cinta (primera de Lee para un estudio norteamericano), lo convirtió en una verdadera leyenda del cine de acción. El enorme éxito mundial de "Enter the Dragon" resultaría en una fiebre por las artes marciales que se refleja en la gran cantidad de filmes de artes marciales que se empezaron a producir no sólo en Hong Kong, sino en todo el mundo. Sin embargo, los intentos por entrar en el género resultaron extraños en muchos casos: en Inglaterra la casa Hammer produciría el híbrido de horror gótico y kung fu titulado "The Legend of the 7 Golden Vampires" (1974), mientras que en España los hermanos Calatrava mezclarían comedia en "Los Kalatrava contra el imperio del karate" (1974). En México, el luchador enmascarado Santo participaría en "La furia de los karatekas" y "El puño de la muerte" (ambas 1982), pero la más extravagante cinta mexicana de artes marciales sería estrenada al año siguiente, con el nombre "Mercenarios de la Muerte".

En "Mercenarios de la Muerte" se cuenta la historia de un grupo de monjes orientales del antiguo templo de Shiolang, que tras una gran guerra contra la secta del Dragón Negro se vieron obligados a emigrar lejos de su tierra, llevando sus reliquias y tradiciones a un pequeño pueblo en el norte de México. Los años pasan y lo monjes viven en relativa paz, volviéndose parte importante de la comunidad y estableciendo una escuela donde enseñan sus artes marciales. Sin embargo, con la llegada del siglo XX, una nueva amenaza se cierne sobre los monjes, pues el mercenario Sung Ya (Armando Silvestre), discípulo del Dragón Negro, reúne a un grupo de guerreros de distintas partes del mundo con el fin de destruir a lo monjes y saquear las reliquias de su nuevo templo en México. El venerado maestro Tata (Emilio Fernández) sabe del peligro, y pide al maestro Jin Ho (Aries Bautista) que escoja a los alumnos más avanzados para defender al templo del despiadado Sung Ya. Esta tarea recaerá en los jóvenes Mai Ko (Gregorio Casal) y Chang Piau (Jaime Moreno), quienes tendrán que enfrentarse a los mercenarios de la muerte.

Como puede apreciarse dada la trama, "Mercenarios de la Muerte" pretende hacer una mezcla entre el cine de artes marciales y el Western. Aunque suena extraña, la idea de mezclar estos géneros no es del todo desatinada, pues el moderno cine de artes marciales que surgió con Bruce Lee se nutría directamente de los arquetipos e historia clásicas del Western ("Meng long guo jiang" del mismo Lee es el ejemplo perfecto). El guión de "Mercenarios de la Muerte", escrito por Avinadain Bautista, no sólo toma elementos del Western, sino que literalmente ubica a sus monjes orientales en un pequeño pueblo del salvaje oeste. La historia tiene las pretensiones de una gran épica, con la llegada de Sung Ya obligando a los monjes a preparar la defensa del pueblo que les ha dado asilo. Sin embargo, al crear este híbrido de Western y artes marciales, Avinadain Bautista opta por explotar los viejos clichés de ambos géneros, diluyendo lo épico de la historia en largas escenas de entrenamiento, diálogos supuestamente filosóficos y pobres peleas de cantina, olvidando desarrollar el drama de sus personajes, que son más bien estereotipos andantes.

Pero aún y que el guión es de una calidad más bien regular, la cinta podría haber resultado en una interesante (aunque curiosa) cinta de artes marciales si no fuera por la desastrosa dirección por parte de Manuel Muñoz y Gregorio Casal. De entrada es claro que la cinta no tenía un gran presupuesto dado que está realizada en lo que parecen ser olvidados sets de aquellos viejos westerns de los Estudios América. Esto no sería gran problema si no fuera porque la simplona puesta en cámara que emplean los directores no hace sino hacer más notorio lo falso de la escenografía. De igual forma, la realización de las peleas (punto principal en un filme de artes marciales) es deficiente, no sólo por la mala ejecución de muchos de los peleadores (Aries Bautista es la excepción) sino por que se filma de forma en que no se puede cubrir estas deficiencias y es claro que muchas veces no hay contacto entre los actores. La fotografía, a cargo de los veteranos Fernando Colín y Ángel Bilbatua, va de regular a bastante mala, como ejemplifica la pobremente iluminada pelea final en la que difícilmente se puede distinguir lo que ocurre.

Las actuaciones son otro gran punto negativo de "Mercenarios de la Muerte". El que el legendario actor y director Emilio "el Indio" Fernández se preste para participar en un proyecto de este nivel es tal vez sintomático del estado en que la industria cinematográfica mexicana se encontraba en esa época. La actuación del Indio como el Tata (monje de Shiolang inexplicablemente vestido de vaquero) básicamente se limita a recitar sus líneas con severidad, aunque en ocasiones hay atisbos del talento y carisma del viejo cineasta. Los protagonistas, Jaime Moreno y Gregorio Casal hacen tal vez los peores trabajos de sus carreras. Moreno, quien tiene un peso mayor en la cinta, se limita a lucir bien ante la cámara e intentar moverse con la gracia de un artista marcial. El personaje de Casal es un poco más complejo, pero el actor es incapaz de establecer la profundidad de su personaje y llena su actuación de clichés. Armando Silvestre es probablemente el único actor del elenco que entendió que lo único que podía funcionar en tal debacle era exagerar el melodrama, y hace de su trabajo una medianamente aceptable imitación de Fu Manchu.

Difícilmente se puede encontrar algo que rescatar en esta extraña cinta de artes marciales en que las incongruencias y la incoherencia son constantes. Y aunque uno pudiera pensar que el bajo presupuesto y el guión mediocre son responsables del caos de la cinta, es realmente una cuestión de mala dirección la que genera la mayoría de los problemas. Por un lado, no hay una clara definición del espacio en que se desarrolla la trama, por lo que en ocasiones el templo parece estar muy cerca del pueblo y en otras no (a conveniencia de la historia). Como se menciono anteriormente, tampoco existe un cuidado en la narrativa visual de la película, como si la cámara se hubiera colocado en un lugar arbitrario sin pensar claramente en que estaba a cuadro. Finalmente, la edición sonora es otro gran descuido pues la película, al carecer de sonido directo, está doblada de la peor forma posible: sin sincronía, sin continuidad e incluso algunos actores doblan personajes que no interpretaron. Esto solo puede significar que la cinta vivió una producción muy problemática, y tal vez sea por eso que hay dos directores y dos fotógrafos en los créditos.

A pesar de ser uno de los más grandes desastres de la cinematografía mexicana, "Mercenarios de la Muerte" tiene un extraño carisma. Tal vez sea el hecho de que es inusual ver una cinta de artes marciales hecha en México, ó el ver a grandes actores de la vieja guardia (Fernández y los hermanos Víctor y Tito Junco) envueltos en un proyecto tan problemático como este. Tal vez es la gran ingenuidad con la que parece que fue realizada dado lo inverosímil que resulta en muchas ocasiones. Sea como sea, lo cierto es que involuntariamente, "Mercenarios de la Muerte" hace una gran comedia de errores bastante surreal. Dentro de los cientos de filmes de artes marciales realizados a partir del éxito de Bruce Lee (y vaya que fueron muchos), "Mercenarios de la Muerte" es sin duda uno de los más bizarros y más mal realizados de todos los tiempos.

2/10
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17 de enero de 2014

Yi dai zong shi (2013)

Ip Man (ó Yip Man), legendario maestro de Wing Chun, nació en una familia acomodada en Foshan, China en 1893. Habiendo entrenado desde que tenía 13 años, Ip Man desarrolló su técnica de Wing Chun a un gran nivel de perfección, pero aunque enseñaba su estilo a algunos amigos, no deseaba abrir una escuela de artes marciales. Esto cambió tras la Guerra Civil China, cuando por motivos políticos Ip Man tuvo que abandonar Foshan en 1949 y mudarse a Hong Kong. Viviendo en la pobreza, Ip Man abrió finalmente una escuela de Wing Chun en Hong Kong (entre sus estudiantes figuraría un joven Bruce Lee), que pronto hizo famosa su arte marcial al rededor del mundo. Este estatus como gran maestro de Wing Chun, así como la época histórica que le tocó vivir, han hecho de Ip Man casi una figura mítica (similar a Wong Fei-hung), y su vida ha servido de inspiración para numerosos filmes comenzando con "Yip Man" en el 2008. Ese mismo año, el director hongkonés Wong Kar-wai anunció su propia cinta sobre Ip Man, pero el proyecto no pudo ver la luz sino hasta el año 2013, cuando finalmente se estrenó "Yi dai zong shi", "El Gran Maestro".

La trama de "Yi dai zong shi" comienza a principios de la década de los 1930s, cuando Ip Man (Tony Leung) vive una vida tranquila en Foshan como respetado artista marcial al lado de su esposa Zhang Yongcheng (Song Hye-kyo). El gran maestro de la región norte, Gong Yutian (Wang Qingxiang), llega a Foshan anunciando su retiro y la unción de Ma San (Zhang Jin) como su heredero, así como la búsqueda de un heredero para la región sur: quien lo derrote, será su heredero. Los maestros del sur piden a Ip Man que los represente, y éste logra obtener el respeto de Gong Yutian, quien lo declara vencedor. La hija de Gong Yutian, Gong Er (Zhang Ziyi) decide retar a Ip Man pues no lo considera digno. Tras su duelo comenzará una profunda amistad entre ambos, que se verá interrumpida por el comienzo de la Segunda guerra sino-japonesa. Durante la guerra, Ip Man enfrenta la pobreza en Foshan, mientras que en la región norte, un vengativo Ma San asesina al maestro Gong Yutian. A medida que los tiempos cambian en China, toda una generación de maestros de las artes marciales intentará sobrevivir.

A pesar de que "Yi dai zong shi" comienza como una aparente biografía del maestro Ip Man, la traducción literal de su título, "La generación del maestro", es tal vez la mejor descripción de lo que realmente es: una meditación sobre toda una época en la historia de las artes marciales. Así, tomando como base a Ip Man, el guión de "Yi dai zong shi" (escrito por Zou Jingzhi, Xu Haofeng y el mismo Wong Kar-wai) se adentra en reflexiones más bien filosóficas sobre la Guerra Civil China, haciendo un paralelo con la expansión de la enseñanza de las artes marciales. El sueño del maestro Gong Yutian sobre una unificación entre el kung fu del norte y el del sur termina cuando las fuerzas políticas dividen al país en medio de guerras, eventos que forzarán a los personajes a tomar decisiones que luego lamentarán. Y este melancólico lamento de arrepentimiento, tema familiar en el cine de Wong, resuena a lo largo de una historia en la que el conocimiento es una herencia preciada, y la perpetuidad de dicho conocimiento en la memoria, una cuestión de vida o muerte.

Estilísticamente, la cinta es también un recorrido por los terrenos familiares de Wong: poética en los diálogos, una bellísima y cuidada fotografía (cortesía de Philippe Le Sourd) y una narrativa inconexa. Lamentablemente, este último aspecto se vuelve problemático pues en el intento de capturar el espíritu de toda una generación, Wong pareciera perder el hilo y deja huecos inexplicables y tramas sin desarrollar (el personaje de "Navaja" Yixiantian bien podría ser removido y no habría problema). Al carecer de estructura sólida, la cinta se siente incompleta. Pero "Yi dai zong shi" no es solamente una recolección de las obsesiones temáticas de Wong, es también una cinta de artes marciales, y en este aspecto brillan las excelentes coreografías de peleas creadas por el legendario Yuen Woo-ping. Estudiando realmente el origen de las artes marciales, Yuen logra representar con relativa fidelidad los diversos estilos empleados por los maestros, enfocándose no en una exageración fantástica, sino en la belleza inherente en la correcta ejecución de la técnica. Es sin duda uno de los mejores trabajos de Yuen Woo-ping.

Tony Leung, rostro familiar en el cine de Wong Kar-wai, logra realmente adentrarse en el papel de Ip Man, haciéndolo un hombre arrogante pero disciplinado. El Ip Man que Leung crea es un esteta de las artes marciales que se sabe afortunado, pero no por eso abusa de su posición. El trabajo de Leung crece a medida que su personaje envejece, y la arrogancia de la juventud da paso a la serenidad tras una vida de penurias. Sin embargo, aunque Leung hace una actuación efectiva, es Zhang Ziyi como Gong Er quien roba cámara en "Yi dai zong shi". Como una mujer obsesionada con la venganza, Zhang Ziyi brinda una de las mejores actuaciones de su carrera, creando un personaje de gran complejidad y belleza. Con gran elegancia y fuerte presencia escénica, Zhang Ziyi logra expresar más con una mirada que con el poético diálogo de la cinta. Finalmente, Chang Chen aparece como "Navaja" Yixiantian, personaje cuya trama es tristemente olvidada en la cinta. Lo interesante es que a pesar de aparecer poco, Chang Chen logra crear un personaje con mayor impacto que el Ip Man de Tony Leung.

Quizás el aspecto más sobresaliente de la cinta de Wong Kar-wai es la belleza del trabajo del fotógrafo francés Philippe Le Sourd, quien logra retratar la melancolía de la visión romántica de Wong Kar-wai respecto a la época en que se ubica la cinta, así como la belleza de las artes marciales retratadas. Complemento perfecto del coreógrafo Yuen Woo-ping, la fotografía de Le Sourd realza el estilo y la técnica con gran belleza estética. Muy apropiado para una historia con personajes que valoran la perfección técnica sobre todas las cosas. Sin embargo, es desafortunado que la belleza de la fotografía y la excelencia de las actuaciones se pierdan en una narrativa que por momentos pareciera perder la dirección hacia la que va. Las historias de Ip Man, Gong Er y "Navaja" Yixiantian son en extremo interesantes, pero la película pareciera enfocarse en Gong Er y olvidar por completo a las otras dos, que terminan apresuradamente. La sensación final es que por alguna razón, "Yi dai zong shi" no es un filme completo, a pesar de que hay tres cortes diferentes de la cinta.

A pesar de este gran problema en su narrativa, "Yi dai zong shi" es una cinta de gran belleza visual, e impecable técnica cinematográfica. Wong Kar-wai logra crear una cinta de artes marciales reflexiva y filosófica sin perder el espectáculo de la acción inherente al género. Sería injusto esperar una biografía de Ip Man cuando lo que pretende Wong Kar-wai es adentrarnos en la memoria de una época perdida: el final de la Guerra Civil China. Como bien estableció el maestro John Ford: "When the legend becomes fact, print the legend". Wong Kar-wai se adentra en los mitos modernos en que se han convertido los viejos maestros de las artes marciales, y encuentra un grupo de personajes fascinantes que luchan por seguir adelante en un mundo que los ha dejado atrás. Lamentablemente, "Yi dai zong shi" no logra convertirse en la gran obra que pudo haber sido.

7/10
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16 de enero de 2014

Tang Shan Da Xiong (1971)


Sin duda uno de lo más influyentes (ó mejor dicho, El más influyente) actor y director de filmes de acción fue el artista marcial norteamericano de origen chino Bruce Lee. Nativo de la ciudad de San Francisco, el joven Lee comenzó a entrenar artes marciales cuando su familia regresó a Hong Kong. En esa ciudad, Lee apareció en varios filmes como niño actor (dada la fama de su padre en la ópera Cantonesa), pero abandono su carrera actoral en favor de su entrenamiento en Wing Chun bajo la tutela del legendario Ip Man. Sin embargo, cuando Lee regresó a los Estados Unidos, el cine tocó nuevamente su puerta cuando se le invitó a participar en la serie de TV "El Avispón Verde". Como el mayordomo Kato, Lee comenzó su carrera en América como actor de soporte y coreógrafo de peleas; sin embargo, Lee no estaba satisfecho con la falta de papeles protagónicos, por lo que nuevamente volvió a Hong Kong. Para su sorpresa, descubrió que en Asia su papel como Kato era muy popular, y el productor Raymond Chow le ofreció la oportunidad de protagonizar una película: "Tang Shan Da Xiong".

En sentido literal, "Tang Shan Da Xiong" significa "El Gran Hermano de la Montaña Tang", pero en español es mejor conocida como "El Gran Jefe" (y "Fists of Fury" en los Estados Unidos). La película cuenta la historia de un joven chino de nombre Cheng Chao-an (Bruce Lee) que viaja a Tailandia a conocer a sus primos lejanos, y a encontrar un trabajo. Tras una vida de constantes peleas callejeras, Cheng prometió a su madre no volver a involucrarse en pleitos de nuevo, por lo que desea iniciar una nueva vida en Tailandia. Cheng toma un trabajo en la fábrica de hielo donde sus primos laboran, y pronto encuentra en ellos una nueva familia, desarrollando una cercana amistad con Hsiu Chien (James Tien) y un gran cariño por la bella Chow Mei (Maria Yi). Sin embargo, las cosas se complican cuando un día, dos de los primos de Cheng descubren que la fábrica es sólo la pantalla para negocios de narcotráfico. Tras rehusarse a cooperar en el negocio, los jóvenes son asesinados. Cuando el primo Hsiu Chien desaparece al tratar de descubrir el paradero de sus hermanos, Cheng tendrá que romper su juramento para resolver el misterio.

Escrita y dirigida por Wei Lo (quien también descubriría a Jackie Chan), "El Gran Jefe" fue un respiro de aire fresco para los filmes de artes marciales, pues se alejó de los temas históricos y míticos para mostrar a un héroe joven en un ambiente moderno y urbano. La historia tiene una premisa muy interesante, y Wei Lo muestra un interés particular en el suspenso, pues la cuestión del juramento de Cheng es un elemento de gran importancia en la trama que genera una gran expectativa pues, en una arriesgada aunque afortunada decisión, el protagonista no participa en ninguna pelea durante la primera mitad de la cinta. A diferencia de la mayoría de las películas de artes marciales, hay relativamente pocas escenas de acción en "Tang Shan Da Xiong", pues el guión se enfoca más en intentar desarrollar su historia (a pesar de su simplicidad) y explorar el compromiso de Cheng con su familia. Esto último es tal vez lo más interesante, pues Cheng es un personaje que rompió la tradición del héroe clásico de las cintas de artes marciales al presentar un personaje con defectos, es decir, más humano.

En cierta forma, "Tang Shan Da Xiong" puede ser visto como un filme de transición, pues no sólo significó la introducción de Bruce Lee como estrella de las artes marciales, sino que realmente marcó el paso hacia una nueva manera de hacer filmes de acción en Hong Kong, siendo además una de las primeras películas de la compara de Raymond Chow, la Golden Harvest. Aún cuando el director Wei Lo ya era un cineasta veterano, "Tang Shan Da Xiong" muestra el cambio a una realización menos contenida, es decir, con mayor dinamismo en su estilo visual. La acción ya no se limitaría por el encuadre de la cámara, sino al contrario (sin duda esta fue una influencia de su energética estrella). Como se mencionó anteriormente, las escenas de acción son relativamente escasa, pero cuando ocurren el estilo es explosivo, rápido, y con una gran atención a los detalles de la pelea. "El Gran Jefe" tiene un estilo muy crudo, que aunque probablemente es resultado del bajo presupuesto con que el filme fue realizado, le agrega una cierta dosis de realismo a las imágenes capturadas por el fotógrafo Ching-Chu Chen.

Las actuaciones en la cinta son de una calidad regular, con algunas actuaciones muy efectivas pero otras que no son nada buenas. Sin embargo, una cosa es cierta: la persona de Bruce Lee exuda en pantalla un carisma natural y una vibrante energía que realmente llena pantalla con su presencia. Aunque esto es algo que ya se había notado en su trabajo en América (su Kato normalmente opaca al Avispón Verde), es en "El Gran Jefe" donde su magnética personalidad puede verse al máximo en un rol protagónico. En "Tang Shan Da Xiong", Lee se muestra bastante natural en su inicialmente pasivo personaje, que es solamente un muchacho común que solamente desea vivir pacíficamente. Este talento natural se muestra en muchas escenas donde Cheng disfruta la vida con su nueva familia a medida que lucha contra sus propios vicios. El resto del elenco es más regular, siendo James Tien uno de los mejores intérpretes como el primo mayor de Cheng, Hsiu. Tien era ya un veterano del cine oriental, y da a su papel una dignidad que contrasta muy bien con la energía rebelde el personaje de Lee.

Dentro de la desafortunadamente breve filmografía de Bruce Lee, "Tang Shan Da Xiong" ó "El Gran Jefe" tiende a ser considerada como la más pobre de todas, y no sin razón. Ciertamente, carece de la rápida acción de filmes posteriores, y su ritmo es más bien lento dada la forma en que la trama está construida. Como se mencionó anteriormente, es también una de las primeras cintas de Golden Harvest, por lo que el bajo presupuesto es notorio. Las actuaciones, salo Lee y Tien, no son muy buenas, y finalmente, la extraña inclusión de efectos cómicos ridículos por parte del director Wei Lo se sienten muy fuera de lugar en lo que para fines prácticos es un filme de acción bastante crudo y violento (es tal vez el más violento de la carrera de Lee). Sin embargo, "Tang Shan Da Xiong" (en España conocida como "Karate a Muerte en Bangkok"), debe ser apreciada como el primero de los revolucionarios filmes que Lee realizaría en su carrera. Su hechura es sin duda pobre, pero es la semilla del estilo de películas de acción que Bruce Lee (y posteriormente Golden Harvest) iría perfeccionado.

Para terminar, "Tang Shan Da Xiong" ó "El Gran Jefe" ó "Karate a Muerte en Bangkok"), es un emocionante filme por derecho propio, lleno de suspenso y acción a la par que muestra el primer vistazo del gran talento de Bruce Lee como estrella de cine. El director Wei Lo muestra una gran visión al construir al personaje de Cheng como un mito moderno. La tensión generada por su incapacidad de actuar y la posterior rabia desatada cuando el juramento se rompe (y la explosiva lucha que viene después) son grandes aciertos que hacen de esta cinta una joya. Junto con "Jing Wu Men" ("Puños de Furia" ó "Contacto en China"), segunda cinta de Lee con Glden Harvest, es un filme básico para entender el desarrollo de los filmes de artes marciales de los 70s. Tal vez no sea un clásico como filmes posteriores, pero "Tang Shan Da Xiong" era sólo el principio para el legendario Bruce Lee.

7/10
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13 de diciembre de 2013

Plan 9 from Outer Space (1959)

La historia del cine norteamericano está llena de grandes películas que obtuvieron gran reconocimiento por sus logros artísticos o innovaciones tecnológicas, y que a su vez dieron fama a sus realizadores. "Plan 9 from Outer Space" es una excepción a esto, ya que la fama que dio a su creador, Edward D. Wood Jr. fue la de "Peor Director de Todos los Tiempos". Estrenada en 1959, "Plan 9 from Outer Space" fue una película independiente que pasó sin pena ni gloria por las pantallas hasta que en 1980 fue descubierta por los críticos Michael y Harry Medved, quienes la consideraron "la peor película jamás hecha" dada la gran cantidad de errores y problemas técnicos que contiene. Sin embargo, a pesar de esto, "Plan 9 from Outer Space" tiene un extraño encanto que la hace diferente de muchas otras películas realmente malas: tiene corazón. El cine de Ed Wood es ingenuo e incompetente, pero poseedor de un extraordinario carisma. "Plan 9 from Outer Space" es el legado de un hombre cuyo amor por el cine era más grande que sus habilidades artísticas, y que estaba dispuesto a todo por terminar un film.

De acuerdo a su narrador, el Sorprendente Criswell (como él mismo), "Plan 9 from Outer Space" es el recuento de los hechos de aquel fatídico día en que un grupo de extraterrestres llegaron a Hollywood. Todo comienza en un funeral, donde un anciano (Bela Lugosi) llora la pérdida de su esposa (Vampira). Mientras tanto, lo que parecía un vuelo rutinario para los pilotos Jeff (Gregory Walcott) y Danny (David De Mering) se vuelve un encuentro cercano con un platillo volador. El platillo aterriza en el cementerio y al anochecer, los enterradores son atacados por el cadáver reanimado de la joven esposa. Al día siguiente, el anciano fallece en un accidente de tránsito y en su funeral, se descubren los cadáveres de los enterradores asesinados la noche anterior. El Inspector Clay (Tor Johnson) de la policía local comienza una investigación en el cementerio. En ese momento, el piloto Jeff le cuenta a su esposa su experiencia con el platillo y el hecho de que el gobierno le ha pedido que no haga ningún comentario al respecto. Pronto Clay se encuentra con los cadáveres del anciano y su esposa, que ahora forman parte del Plan 9 del Espacio Exterior.

Escrita, dirigida y producida por el mismo Ed Wood, "Plan 9 from Outer Space" es una mezcla bizarra entre el tipo de ciencia ficción que dominaba los años 50s y el cine de horror gótico con el que Wood había crecido. Así, "Plan 9 from Outer Space" es una trama típica de invasión extraterrestre aderezada con cadáveres reanimados y un Bela Lugosi inexplicablemente vestido como Drácula. La narración de Criswell, da un tono sensacionalista a la historia, que es presentada como los "testimonios secretos" de los sobrevivientes en un esfuerzo por imitar el tono de veracidad del popular programa "Dragnet". Sin embargo, este esfuerzo es minado por lo absolutamente bizarro de la trama, sin mencionar los diálogos extraños y absurdos que Wood ha dado a sus personajes. "Plan 9 from Outer Space" emula también la advertencia pacifista de "The Day the Earth Stood Still" (1951), ya que la razón para el ataque extraterrestre es también el detener a la destructiva raza humana, sin embargo, lo más interesante del guión de Wood es el claro mensaje antiestatista del filme: el gobierno oculta más de lo que sabe.

Como se ha mencionado anteriormente, la fama de "Plan 9 from Outer Space" viene principalmente de la incompetencia con que ha sido armada, ya que al director Ed Wood poco le importan cuestiones como la continuidad y la coherencia entre sus tomas. Así, por momentos el cielo puede cambiar de entre día y noche, las actuaciones varían su emoción dramática (si es que la hay), y los efectos especiales son de una calidad ínfima. Sin embargo, es claro que Wood sabe lo que el cine implica, pues es capaz de crear un accidente automovilístico solamente con sonido, o crear secuencias completas mezclando filmación en set, en locación y material de archivo. Wood sabe cómo se hace el cine, simplemente lo hace en extremo descuidadamente. El que este descuido haya sido provocado por bajo presupuesto o un exceso de confianza o una desafortunada combinación de ambas es algo que no podemos saber. Lo que sí se puede apreciar es el interés de Wood por crear una historia épica a pesar de sus limitados recursos, y su determinación a contar su historia a como dé lugar (al grado de sustituir al fallecido Lugosi).

La aparición de Bela Lugosi en "Plan 9 from Outer Space" es otro de los factores que ha contribuido para que la cinta tenga ahora el grado de film de culto. A comienzos de los años 50s, Lugosi se encontraba participando en cintas de serie "B" de bajo presupuesto para mantener su adicción a los analgésicos. Encontrarse con Ed Wood, quien se consideraba gran fan de Lugosi, significó un breve retorno a papeles principales. Bela Lugosi rodó con Wood algunas escenas para una historia que no se realizaría, pero que acabarían formando parte de "Plan 9 from Outer Space" (razón por la que no hay sonido en las escenas de Lugosi). Para completar el papel de Lugosi, Wood reclutó a Tom Mason, quien hace una pobre imitación de Lugosi cubriendo su cara con una capa. Las actuaciones, como todo lo demás en "Plan 9" son descuidadas y torpes, aunque algunos intérpretes, como Gregory Walcott, intentan hacer un esfuerzo por hacer un buen trabajo. Tor Johnson, Vampira, Dudley Manlove y el Sorprendente Criswell completan un elenco por demás extraño e inolvidable, aunque sea por las razones equivocadas.

Esa es tal vez la mejor forma de describir "Plan 9 from Outer Space", una cinta inolvidable por las razones equivocadas. Lo que Wood deseaba fuera emocionante, termina siendo ridículo, y lo que esperaba fuera aterrador, resulta absurdamente divertido. Involuntariamente, Wood ha creado una entretenida cinta de horror que se ha vuelto un divertido ícono del género. La razón de esto es precisamente la ingenuidad e incompetencia en la realización de la cinta, pues de estar mejor realizada, probablemente la película resultara en extremo aburrida. Y esto es algo bastante interesante, pues a pesar de la gran cantidad de problemas que plagan "Plan 9 from Outer Space" la película jamás es aburrida. Y esto es algo de lo que no pueden presumir muchas cintas realizadas con mejores recursos y mayor experiencia. Es difícil decir que "Plan 9 from Outer Space" es una buena película, y curiosamente es aún más difícil decir que es una mala película. Pues aunque probablemente la cinta está lejos de las intenciones de Ed Wood al realizarla, lo que logra es tan ó incluso más valioso.

"Plan 9 from Outer Space" es una cinta con un encanto difícil de explicar, pues sus imágenes generan una extraña fascinación. En la película se conjugan efectos baratos, actuaciones exageradas, un guión absurdo y una edición bizarra, y sin embargo todo funciona de una manera tal que la cinta permanece entretenida de principio a fin. La cinta de Tim Burton, "Ed Wood" (1994), es el ejemplo perfecto de la fascinación que produce "Plan 9 from Outer Space". Y es que en cierta forma, la realización de "Plan 9 from Outer Space" encierra el dolor y la gloria de hacer cine, el reunir los talentos y recursos de un grupo de personas (por muchos o pocos que sean) para dar vida a un sueño, a una visión. La visión de Ed Wood, un hombre cuya alma estaba en el cine aunque sus talentos no, es paradójica en el sentido de que cumple con aquella máxima de que la cinta es tan mala que es buena.

5/10
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